miércoles, 28 de diciembre de 2016

HOSPEDERIA DE ARANZAZU






En 1627 Joanes, un antepasado mío pedía en su testamento " demando que luego que yo muriere con  la mayor  brevedad possible se me digan dos missas en el  convento de nuestra señora de Aranzazu y se pague la  limosna acostumbrada, dos rreales  por cada missa”

Hoy 389 años después Aranzazu, aun sin ese significado especial que pueda tener para mí,  sigue siendo un lugar mágico, un paisaje espectacular   y una arquitectura en su momento rompedora en la que intervinieron maestros como Oteiza, Chillida, Basterretxea o Saiz de Oiza, hacen de Aranzazu un lugar merecedor de ser visitado. Pero si además después de un paseo por el monte podemos encontrar un lugar donde comer “con fundamento” el plan será perfecto, hay varios sitios entre el monasterio y el núcleo urbano de Oñati. Hoy hablare del menú de la hosteria de Aranzazu. Cocina tradicional vasca, buena materia prima y un comedor con unas vistas espectaculares.

Comí un menú de 15 euros:  pochas, entrecot y cuajada, mas simple imposible. El primer plato espectacular por su sabor, con las pochas enteras pero muy tiernas, no es época de pochas precisamente por lo que las que comí tenían que ser congeladas o de bote, aun así, nunca las he comido tan buenas y eso que no tenían rastro de proteínas que le pudieran dar un poco de alegría al plato.

De segundo entrecot a la parrilla, más que bueno teniendo en cuenta el precio del menú, buen sabor, carne tierna y en su punto como se ve en la foto (para mi gusto claro). Cuando comía la carne me vino a la cabeza una " experiencia gastronómica" vivida días antes en una localidad castellana.Me habían hablado muy bien del sitio donde fuimos a cenar y de la chuleta " de Oyarzun" que allí servian, pero lo que no me habían advertido de que te la servían " a la piedra" que para mí es la forma más segura de estropear una buena carne. Como se verá en la foto la chuleta tenía muy buena pinta, unos pieza de más de un kilo, tres dedos de grosor, apenas sellada la superficie de la carne y luego cuidadosamente cortada en filetes de unos 5 milímetros de grosos. La carne tan poco hecha y tan bien cortada estaba como es normal fría, el resultado de pasar los filetes por la planta fue una carne más cocida que asada. Una lástima que una chuleta que podía haber estado muy buena a la parrilla me resultara mucho menos agradable que el modesto entrecot de la Hospederia de Aranzazu. 










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